En el debate sobre la transición energética, el foco suele ponerse en añadir capacidad: más instalaciones, más potencia. Se presta menos atención a un cálculo sencillo: la comparación de CO₂ entre mantener en marcha las instalaciones existentes y desmantelarlas para una nueva construcción.
La mochila de CO₂ de una nueva construcción
Gran parte de la huella climática de un aerogenerador no proviene de su operación, sino de su fabricación: acero para la torre, hormigón para la cimentación, materiales compuestos en las palas y transporte. Esta «energía incorporada» ya se ha emitido en cuanto la instalación está en pie, con independencia de cuánto tiempo produzca electricidad después.
Seguir operando aprovecha lo que ya existe
Mantener en marcha una instalación funcional evita incurrir de nuevo en esa mochila de CO₂. En lugar de gastar emisiones en desmantelamiento, eliminación y reconstrucción, la energía ya invertida se distribuye a lo largo de años adicionales de operación. Cada kilovatio-hora adicional de una instalación existente tiene, por tanto, un balance especialmente favorable.
Una comparación de un vistazo
| Factor | Desmantelamiento + reconstrucción | Operación continuada |
|---|---|---|
| Energía incorporada (fabricación) | se vuelve a incurrir | ya invertida |
| Eliminación / reciclaje | requerida de inmediato | aplazada |
| Generación eléctrica adicional | tras la construcción | inmediata |
Un doble beneficio: ecológico y económico
La operación continuada no solo ahorra emisiones, sino que también mantiene en uso una infraestructura ya construida. El beneficio ecológico y la lógica económica apuntan aquí en la misma dirección, una razón por la que el tratamiento de las instalaciones existentes se considera cada vez más un tema propio de la transición energética.
Este artículo tiene carácter meramente informativo y no constituye asesoramiento de inversión.

